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Introducción

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La disciplina de Análisis de imagen emerge en los años sesenta, dejando vislumbrar un inmenso potencial de aplicaciones. La idea de partida es sencilla: convertir las imágenes en información que pueda ser interpretada y procesada por un computador. Dicho de otra manera, se trata de codificar las imágenes en formato digital, para que su contenido pueda ser interpretado y tratado mediante los sistemas electrónicos de gestión de la información.

La aplicación concreta del Análisis de imagen a la valoración espermática no surgirá sin embargo hasta los años ochenta. Antes de esa fecha, el análisis de los distintos parámetros relevantes del esperma se hacía de manera más artesanal, manera que aún hoy sigue siendo la forma más habitual y la que recoge el Manual de la OMS (Organización Mundial de la Salud). El analista observa la muestra al microscopio valorando de manera subjetiva la cantidad, características y movilidad de los espermatozoides. En base a ello emite su diagnóstico sobre la calidad del esperma en cuestión y su viabilidad para la reproducción, ya sea ésta natural o asistida.

El alcance e impacto de los problemas reproductivos animaban a buscar técnicas más precisas, menos dependientes del criterio del analista. Hay que tener en cuenta, si hacemos caso a las estadísticas, que alrededor de un 15% de las parejas que persiguen activamente tener descendencia tardan más de una año en conseguir el embarazo. Muchas de esas parejas, una vez diagnosticado el origen del problema, se ven obligadas a recurrir a la fecundación in vitro. Sólo en nuestro país el número de estas fecundaciones en 2014 fue de 116.000, según datos de la Sociedad Española de Fertilidad. Las implicaciones emocionales para las personas que sufren estos problemas son importantes.

Además, la gravedad del problema parece ir en aumento. Los hábitos de vida actuales contribuyen a la merma de calidad del semen humano. La influencia de factores como el estrés y la tensión arterial elevada ha quedado ya demostrada científicamente.

La citada aplicación del Análisis de imagen a la analítica del semen se materializa a finales de la década de los setenta en los denominados sistemas CASA (Computer Assisted Semen Analysis). Estos sistemas permitían un análisis más preciso de la calidad del semen, mediante una valoración más ajustada de la concentración de espermatozoides, su movilidad y otros parámetros. Su pronta aplicación al ámbito científico permitió mejorar la investigación en el campo de la medicina reproductiva y otras áreas relacionadas. En el ámbito clínico los sistemas CASA permitieron afinar los diagnósticos sobre infertilidad y demás procesos reproductivos.

Un sistema CASA consiste en esencia en una fuente de información (el microscopio), una fuente de captura (la cámara de vídeo), un ordenador y un software con los que procesar la información.

Decenas de empresas se lanzaron en la década de los ochenta a aprovechar la oportunidad de negocio que estos sistemas representaban, lanzando sus respectivos sistemas con diferentes configuraciones. La competencia encarnizada entre ellas fue seleccionando el paisaje, como si de un episodio darwinista se tratara. De aquella contienda emergió como principal triunfadora la firma Hamilton Thorne, que todavía hoy es uno de los líderes del mercado mundial. Su sistema respondía a una configuración cerrada que incluía todos los elementos necesarios (a modo de caja negra).